¡Bienvenidos a casa!

Desde Cuba por Oscar Mario González del Grupo Decoro

LA HABANA, diciembre ( www.cubanet.org ) - 

La noticia va rebotando de corazón en corazón, estremeciendo de alegría los pechos de los buenos hijos de esta tierra. "Están soltando a los presos políticos".

Pero cuando indagamos a fondo para enterarnos de la verdad del suceso sólo podemos llenarnos de dudas e interrogantes. Todo se torna confuso e impreciso.

No sabemos a ciencia cierta cuántos opositores han sido trasladados a la capital. Desconocemos las razones de estos traslados, aunque se comenta que obedecen a la decisión de realizarles exámenes de salud. También se rumora que finalmente serán liberados bajo la condición de licencias extrapenales.

Estamos en presencia de un gobierno totalitario, cuyas decisiones transitan por caminos desconocidos para la población, donde las ventanas informativas están rigurosamente controladas por un equipo especial y reducido, liderado por un cerrajero único e insustituible.

De cualquier manera, el asunto provoca en nosotros dos lecturas: una que finca en lo individualmente humano, y otra que posee carácter político.

En el primer caso la noticia es positiva. Nos llenamos de alegría cuando un solo prisionero es beneficiado con la relativa libertad y, traspasando el umbral de la cárcel chica, logra llegar a la cárcel grande, donde el dolor se reduce al ser compartido entre familiares, amigos y compañeros de ideas y propósitos.

Sobre todo la noticia es gratificante para esa legión de mujeres valientes y decorosas dotadas de una paciencia y perseverancia propia de las almas grandes. Que van con luz y claridad por los caminos preñados de peligros, y que se dan a conocer como las "Damas de Blanco".

Desde la óptica política, el asunto no me merece mayor relevancia que aquella observada durante lustros, donde un gobierno que siempre ha tenido una buena reserva de presos políticos en las cárceles, los utiliza periódicamente como monedas de cambio, según las conveniencias y las circunstancias.

En el presente, el régimen necesita aliviar la presión de la caldera interna, potenciada por apagones, sueldos cada vez más raquíticos; precios galopantes, medidas impopulares obligadas por las circunstancias; indiferencia ciudadana generalizada y radicalización del descontento social.

La táctica es tan vieja como la historia misma del presidio político bajo el castrismo.

Algunas veces se trata de liberaciones masivas como la ocurrida a finales de la década de 1970, durante las conversaciones con la tradicionalmente conocida como "gusanera", que el régimen rebautizaba con el nombre de "comunidad cubana en el extranjero".

Diez años después, a finales de los años 80 del siglo pasado, tuvo lugar otro amago o alarde de cambio, y para tales fines, liberó a una buena cantidad de presos políticos. Eran días difíciles, cuando el mundo se libraba del comunismo, y el castrismo pretendía quedar en el Caribe como único bastión de tan aberrante sistema.

Otras veces los presos han sido utilizados con mutuo beneficio o como monedas de cambio con personalidades, ya fueran el Papa, Felipe González, un primer ministro de Canadá o un presidente de Costa Rica. Siempre según las conveniencias y los deseos de perpetuidad del castrismo.

Así, soltando presos y encarcelándolos, de modo que el balance final garantice buena cantidad de ellos como piezas para el canje y la negociación, ha pasado casi medio siglo con el régimen de pie, mirando cómo los cubanos entran y salen de las prisiones.

 

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