Raúl Rivero, la prisión como experiencia poética; por Andrés Reynaldo de El Nuevo Herald




El Nuevo Herald


Hay libros de combate. Escritos bajo el clamor de la batalla y puntuados con la respiración. Para leer como la bitácora de un viaje plagado de peligros. Así ocurre con Versos de Canaletas, del poeta cubano Raúl Rivero.

El cuadernillo editado en Bélgica por Ediciones idc reúne 26 poemas escritos por Rivero en la prisión de máxima seguridad de Canaleta, provincia de Ciego de Avila, a lo largo de un año. Liberado hace unas semanas con una licencia especial, había sido condenado en abril de 2003 a 20 años de prisión, por su labor como periodista independiente, considerada como ''traición a la patria'' a los ojos de la justicia cubana.

Rodeado de prisioneros comunes cuando no estaba confinado en solitario, Rivero vivió la prisión como una experiencia poética y, sin ser redundante, espiritual. El amor, la familia y la literatura, antes que la política. En verdad, el valor político del autor viene dado por las circunstancias en que ha tratado de hacer poesía y periodismo libres. Su contradicción con las autoridades no sólo es doctrinal sino esencial. Disidente porque se empeña en ser fiel a sí mismo.

Su esposa, Blanca Reyes, dice en el prólogo: ``Cuando la poesía está presa en un país, ese país no tiene sentido. Mi esposo Raúl Rivero cometió el gravísimo crimen de escribir solamente lo que veía y lo que le dictaba su corazón [. . .] Hay que decirlo claro, la única potencia extranjera a la que Raúl sirve es a la poesía. Y digo extranjera porque mientras sigamos viviendo en la situación de opresión en que vivimos 11 millones de personas, no se puede decir que la poesía esté en Cuba''.

A punto de cumplir 60 años (que es, según Marguerite Yourcenar, la edad en que debe empezarse a escribir novelas), Rivero es uno de los más importantes poetas en lengua española del momento. Con una decena de títulos en su juglaresco haber, su influencia marca ya la joven poética cubana dentro y fuera de la isla. A partir de Papel de hombre (1968), su obra ha ido recogiendo un eco universal, desde los clásicos españoles hasta los exquisitos y renuentes cuerpos literarios del Cáucaso.

En la red del pescador han quedado disímiles características, lo mismo el prurito hiperrealista de la poesía norteamericana de la primera mitad del siglo XX (tan decisivo en las actuales líricas cubana y nicaragüense) que la sensual reelaboración cultural del neohelenismo y la cristalina y contundente oralidad del Dagueztán. Una voz única, que ha renovado la dimensión temática y ha redimido la dimensión ética de nuestra literatura insular. John Donne decía que ningún hombre es una isla en sí mismo. Pero Rivero es la isla mayor del archipiélago de su generación.

Versos de Canaleta (debe corregirse el plural del título en futuras ediciones) fue dado a conocer en octubre de este año durante el Seminario Cuba y Democracia, celebrado en Roma. Su tónica amatoria se funda en una inspiración policíaca. Al poeta solamente se le permitía escribir poemas de amor. A punta de lápiz y en libretas escolares convocaba sus versos. Luego, los daba a las autoridades pasados en limpio en lisas hojas blancas. Pasados por la censura, los oficiales entregaban los manuscritos a su esposa Blanca Reyes. Días atrás Rivero observaba que son en buena parte poemas de ex amor. Con la adición de otros cuatro sacados de prisión después de octubre, el cuaderno será editado en enero en España por AMG Editor, en su prestigiosa colección de poesía Café Breton, con prólogo del poeta cubano Manuel Díaz Martínez.

Nadie es libre frente al dolor del prójimo. En los 20 meses de prisión de Rivero, cada vez que llegaban noticias suyas (por lo general, malas) recordaba el poema El Prisionero, de Jorge Luis Borges: Una lima./ La primera de las gruesas barras de hierro./ Algún día seré libre. Todo condenado reclama una herramienta para escapar a su encierro. Por natural atributo, los poetas tienen a su alcance la triple lima de la palabra. En las madrugadas, si afinamos el oído, podemos escuchar cómo se arrojan de la cama apenas pasa la ronda de los carceleros y cómo se ponen a limar también los grandes barrotes de nuestra celda.

Mala mente

Amé a mujeres buenas, cariñosas.

Mujeres esenciales y accesibles.

Espíritus y almas transparentes.

Manos y vidas limpias, sin abismos.

Bellas señoras graves que pasaron

y yo pasé por ellas como un río.

Pero a ti te amé más porque eres mala

y la maldad produce emoción pura

que permanece, canta, duele y quema.

 

 

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