Recibe Dagoberto Valdés el Premio Karski

LA HABANA, (Miguel Saludes / www.cubanet.org) - 

El pasado 10 de noviembre el ingeniero cubano Dagoberto Valdés Hernández, director de la revista Vitral y del Centro Cívico de Formación Cívica y Religiosa en la diócesis de Pinar del Río, recibió en Washington DC el Premio Internacional, Jan Karski, por el Valor y la Compasión, que le fuera concedido este año. Nuevamente los cubanos nos llenamos de orgullo cuando la comunidad internacional distingue a uno de nuestros compatriotas por su esfuerzo en bien de la comunidad humana que vive en la isla, y a través de ella al resto del mundo.

El galardón, otorgado a personas destacadas en la realización de un trabajo ejemplar por su valor y caridad cristiana hecha sin distinciones, lleva el nombre de una personalidad poco conocida en nuestro ámbito. Jan Kozielewski, más conocido por Karski, su nombre de guerra, nació el 24 de abril de 1914 en Lódz -que en castellano se pronuncia aproximadamente como Uuds-, segunda ciudad en importancia de Polonia.

Karski comienza a escribir las páginas fuertes de su historia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas alemanas y soviéticas ocupan su tierra natal. A pocos meses de empezada la contienda, el joven diplomático de 33 años fue hecho prisionero por el Ejército Rojo y conducido a un campo de reconcentración en Ucrania. De allí logró escapar para unirse a los luchadores clandestinos polacos que se enfrentaban a los nazis.

Su memoria privilegiada le posibilitó prestar servicios como correo secreto. Durante el cumplimiento de una misión en Eslovaquia, es hecho prisionero por la GESTAPO. Después de ser sometido a terribles torturas y ante el temor de flaquear, decide cortarse las muñecas con un cuchillo. Es recluido en un hospital donde sus compañeros le rescatan mediante una audaz acción comando. De esta forma concluye su trabajo en la mensajería clandestina, pero no su labor como luchador. Le espera un cometido mucho más importante y no menos arriesgado, por el que será reconocido por la posteridad.

Corría el año 1942 y la terrible maquinaria de exterminio masivo estaba funcionando plenamente en los campos de muerte. Desde 1939 se conocía que cerca de medio millón de judíos estaban siendo concentrados en el Ghetto de Varsovia, confinados tras muros de ladrillo y cercas de alambre de púas. Desde un apartamento colindante a la zona cercada, Karski se introduce en el lugar a través de un túnel, con el objetivo de conocer de primera mano lo que ocurría en aquel infierno. Supo del hambre, los golpes, la miseria y los asesinatos cometidos en el interior del recinto. El abogado León Feiner, quien lo había introducido en el Ghetto, le repetiría incansablemente "Recuerda esto, recuérdalo". Sus ojos fotografían el panorama y su mente archiva cada imagen de dolor. Ahora la nueva tarea consistirá en dar testimonio al mundo del salvajismo fascista.

Pero Karski no se conforma con lo que ha visto en Varsovia. Le llegan rumores espantosos del crimen que se comete en los campos de concentración y quiere tener una noción exacta de lo que allí pasa. Para ello se agencia un uniforme del ejército ucraniano de Vlasov. Con esta vestimenta y tras sobornar a uno de los guardias, logra penetrar por un día en el interior de uno de estos horripilantes sitios. Allí verificó la verdad dantesca, aún ignorada en el exterior. Una vez acopiados suficientes testimonios y portando un micro filme con evidencias documentales que introduce en la caña de una llave, se dirige a Londres. Para evitar que su acento polaco le delate en un eventual interrogatorio durante el cruce de la frontera, acude a un dentista para que le extraiga varias muelas. La hinchazón de las encías justificaría cualquier anomalía en su pronunciación.

En el exilio comienza un largo y difícil peregrinaje para dar a conocer lo que había visto, siendo quizás el primer testigo directo que revelaba al mundo el Holocausto. A pesar de sus vivencias, muchos se negaban a creerle y hasta le tildaban de mentiroso o exagerado. Tocó a cuantas puertas creyó necesario, realizó ayunos y huelgas de hambre para llamar la atención de personalidades políticas de la alianza anti hitleriana. Fue recibido por el ministro inglés Anthony Eden y por el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt. Este último hizo abrir una agencia federal encargada de ayudar a los refugiados de la guerra. John Pehler, primer funcionario que encabezó esa oficina, manifestó que la misión de Karski provocó el cambio de la política de su país respecto a los sobrevivientes y perseguidos judíos, pasando de la indiferencia a la toma de acciones concretas. Por esta razón el Estado de Israel nombraría posteriormente a Jan Karski como justo entre las naciones. Un árbol sembrado en el Valle de Yad Vashem perpetuaría la memoria del hombre convertido en ciudadano del mundo: polaco, norteamericano, católico y judío.

En 1965 se casa con la bailarina y coreógrafa Pola Nirenska, única sobreviviente de una familia polaco judía víctima del nazismo. Ambos conformarán una pareja comprometida en la lucha por la libertad y total independencia de su patria, sometida por los acuerdos de Yalta a la hegemonía del comunismo soviético. La pluma y las palabras del catedrático, honrado con el doctorado Honoris Causa por varias universidades, se pondrán al servicio de ese empeño. El 13 de julio del 2000, la muerte pone fin a una vida entregada a la búsqueda de la verdad, la educación para la libertad y la promoción de unas relaciones internacionales basadas en la tolerancia y el respeto a las libertades y derechos del hombre.

Con la entrega de este premio al señor Dagoberto Valdés, la historia del eminente humanista polaco se entrelaza con el devenir de la nación cubana. El católico pinareño es el primer hombre latinoamericano en ser distinguido con este galardón desde que fuera instituido, luego que las primeras ediciones fueran recibidas por tres mujeres: dos europeas y una estadounidense.

Es posible que cuando esté escribiendo este artículo, el Ingeniero "En Yaguas"-categoría laboral que le honra- ya se encuentre de regreso entre los suyos. Ellos, y esto no debe ser ya un secreto, se preparaban a recibirle vistiendo el pulóver blanco que lleva el logotipo de Vitral, la célebre revista de Pinar del Río. Es un signo de la alegría de saber que en la distinción hecha a la persona de Dago, como todos le llaman en su ciudad, ellos también están representados. La actitud valiente y constante de sus hermanos de fe y compañeros en general, que trabajan promoviendo la formación de valores cívicos, tan necesarios para el futuro de Cuba, constituye un incentivo en la preparación de una sociedad más pluralista y democrática. Eso, tanto como el premio, nos corresponde a todos.

Tal vez algunos tratarán de hacer aparecer detrás de esta premiación las intenciones fantasmales que siempre tratan de ser identificadas en ocasiones como ésta. Pero una realidad que no podrán desvirtuar es el reconocimiento dado por miles lectores y compatriotas al director y articulista de Vitral. De igual manera no podrán cuestionar la realidad que ha movido a este digno hijo de la tierra cubana, que no es diferente a la que ha movido a tantos hombres de buena voluntad, en su afán por hacer el bien. Sobre esto el propio Karski diría: "Aunque yo no deseo ser hereje, mi fe me dice que el segundo pecado original se ha cometido ya por la humanidad. Ha sido un pecado de hecho o de omisión, o de ignorancia voluntaria, o de insensibilidad, o de interés egoísta, o de hipocresía, o de racionalización sin corazón. Este pecado perseguirá a la humanidad hasta el fin de los tiempos. A mí me persigue y quiero que sea así." Es la misma certeza que apremia a todos los que se niegan a seguir cooperando con ese estado pecaminoso que destruye a tantas sociedades, la nuestra incluida. Dagoberto Valdés Hernández se unió a Jan Karski en ese caminar en busca de la luz que redime con halos de verdad, justicia y libertad.

 

 

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